Me encuentro sentado en un bar cualquiera de mi ciudad natal, tomando un cortadito mientras “trabajo” con el ordenador, aprovechando la gratuita conexión a internet que ofrece este negocio. He venido con el objetivo de descargar correos electrónicos y trabajar en diversos temas relacionados con mi profesión, sin embargo desde que he llegado soy incapaz de desconectar de las palabras que un peculiar parroquiano no deja de soltar (ya sea en plan monólogo o en conversación con quien quiera actuar de receptor). Así que he decidido no resistir a la tentación de describiros el ambientillo que me rodea.
Dicho cliente (aún siendo mi primera visita, lo considero un habitual del bar por el familiar trato que tiene con la agraciada camarera y con el resto de clientes sentados en barra) debe tener unos 55, chupado, con barba de tres (o cuatro) días, mirada cansada y ronca voz. Siendo las 10.30h está bebiendo cerveza y los temas de sus doctrinas son muy variados. Ha empezado divagando sobre las reformas económicas que el gobierno de este país va a llevar a cabo, más bien intentaba explicárselo a la camarera, eso sí, acompañando cada frase por una pequeña retahíla de tacos. A continuación, justo cuando una mujer se ha acabado su café y se ha marchado, ha iniciado una especie de monólogo detallándonos sin tapujo alguno lo fea (¡!) que le parecía la mujer que se acababa de marchar (lo defino como monólogo ya que hablaba a los cuatro clientes, y a la camarera, pero aparentemente nadie le prestaba atención) y finalizaba sus poco agraciadas palabras, de manera muy castiza, remarcando lo guapa y bien nacida que consideraba a la camarera del local, “y es que quien es guapa, es guapa”.
Tras pedir otra cañita, el tema de conversación viró hacia fútbol (final de la copa de la UEFA, o como quieran llamar ahora a dicha competición), noticias de corazón (básicamente poniendo a parir a todos aquellos que se nutren de dicho tipo de noticias, críticas avivadas por el tipo de programa televisivo ofrecido en las pantallas del local), declaración de la renta (parece ser que se ha iniciado el periodo para cuadrar números con hacienda y su gestor le cobra una pasta para hacerle dichos cálculos, personalmente tendré que ponerme las pilas) y temas del estilo.
Mientras os escribo sigue en la barra, aunque parece que va a desfilar pronto. Durante estos últimos minutos la mayoría de clientes cercanos a mi parroquiano favorito se han marchado y, aún más importante para tomar la decisión de partida, una pareja de extranjeros (amigos de la camarera) han entrado a tomar algo y charlar tranquilamente con la bien nacida del bar. Así que sin mucha más dilación, y mientras un servidor finaliza este capítulo de blog, las cervezas son abonadas y el parroquiano se despide hasta mañana por la mañana.
Pues nada, vuelvo a mis correos y demás historias menos entretenidas.
Es que hay una fauna suelta por ahí....
ResponderEliminarTiene que haber de todo en este mundo... Me pregunto qué bar debía ser ese...
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